La mora en tiempos de "Sintonía Fina"


 





El gobierno arrancó el año con un claro desafío: poner todas las variables económicas y financieras bajo un fuerte control, iniciando así un proceso de reacomodamiento de las cuentas públicas, bajo el creativo paraguas de la “sintonía fina del modelo”.

Con el fuerte respaldo recibido en las últimas elecciones, el gobierno ha sabido identificar el momento más preciso para llevar adelante estas acciones políticamente no deseadas: el partido se juega en los primeros 4 meses del año. Y ha decidido jugar fuerte.

Reajustes de precios a las principales tarifas de los servicios públicos por la baja de subsidios, trabas a las importaciones, control del mercado de cambios, y cada vez mayor presión a limitar los incrementos salariales en las próximas paritarias, son sólo algunos de los aspectos más destacados de la realidad de los números públicos.

Ahora bien, ¿qué impacto tendrá el reacomodamiento de nuestra economía en las cuentas de las personas? En un escenario de aumento de precios de bienes, y obligado a desembolsar  un mayor valor por los servicios públicos, alzas en las tasas de interés y menor oferta de créditos: ¿cómo harán las familias para pagar sus deudas ya contraídas?

Entender claramente ese proceso de reacomodamiento, nos permitirá tomar las decisiones más precisas en estos primeros meses del año. Existe una alta probabilidad de mayor morosidad y, consecuentemente, habrá que manejar correctamente las acciones de nuestro equipo de créditos y cobranzas para obtener los mejores resultados.

Considerando todos estos elementos, vamos a repasar algunas cuestiones claves a la hora de la toma decisiones: las formas de medir la morosidad, la evolución de los indicadores y las acciones que  es conveniente llevar adelante cuando la mora se presenta

Respecto de las formas de medir la morosidad, debemos enfocarnos en los datos que se toman para elaborar los ratios.

Un primer problema que se presenta, es que cada empresa establece un porcentaje sobre bases de cálculo diferentes.

En tal sentido, es posible encontrar en el mercado, formas parecidas de calcular la mora pero cuyos resultados no son comparables, porque utilizan distintos tramos de morosidad (más de 60 días, más de 90 días, más de 120 días), porque no incluyen la cartera judicial o la castigada, o porque lo comparan con la cartera vigente o contra la cartera otorgada.

Un segundo problema es que los morosos se han generado en diferentes momentos, en diferentes circunstancias y hasta en localidades diferentes.

En esta oportunidad, no nos detendremos demasiado en la elaboración de modelos para la medición de la mora. En tal sentido, los invitamos a visitar nuestra página web, donde encontrarán toda la información necesaria para construirlos.

Independientemente del modelo de información que se utilice para su construcción, el adecuado análisis de la evolución de los indicadores de morosidad será, sin lugar a dudas, el punto más importante a la hora de la toma de las decisiones.

La cuestión es que, a diferencia de oportunidades pasadas, la mora se presentará segmentada. Segmentar los indicadores será clave a la hora de la toma de decidir las acciones a seguir.

El impacto del reacomodamiento que se viene en las economías de las familias, será diferente según su ubicación geográfica, su nivel socio económico, la fuente principal de sus ingresos y la capacidad de pago comprometida.

Las finanzas públicas provinciales y municipales empiezan a mostrar debilidades. Seis provincias ya arrancaron el año con problemas de caja, lo que inevitable tendrá como consecuencia inmediata los ajustes reales en sus presupuestos: menor desarrollo de obras públicas, demora y/o ampliación de los plazos de pagos, reducción de la planta de “contratados”, y conflictos laborales.

Sumado a ello, se presentarán problemas en algunas economías regionales, particularmente en aquellas vinculadas a las automotrices y el cuero, entre otras.

El efecto de la modificación del precio de los servicios públicos, tendrá consecuencias dispares, dependiendo del precio que actualmente está pagando en cada región, donde las familias del ejido urbano de la ciudad de Buenos Aires y el GBA serán las más perjudicadas.

Asimismo, las familias con ingresos originados en el sector privado, estarán algo más aliviadas que las que trabajen en el sector público: los aumentos de salarios seguirán el mismo modelo de crecimiento de los últimos años, es decir, por debajo del aumento de los salarios privados.

Por último, cabe destacar el incremento del nivel de endeudamiento de las familias en sus tarjetas de crédito, que ya alcanza al 44%. Sumado a eso, los bancos tendrán limitada su capacidad prestable los primeros meses del año, lo que aumentará aún más la iliquidez del mercado.

La ubicación de las sucursales, el tipo de empleo que sustenta la economía local, así como el impacto en los precios de las distintas medidas económicas, son factores diferenciales respecto al plan de segmentación de la morosidad.

Para quienes generan su información utilizando los modelos orientados a medir la morosidad respecto de la cartera de créditos originados (tal como planteamos en nuestra página web), recomendamos abrir por sucursal y línea de crédito los distintos indicadores de mora por madurez. 

Para quienes generen información utilizando modelos que apliquen el concepto tradicional de “vencimientos vs cobranzas”, más allá de la apertura de la información por sucursal, les recomendamos no apresurarse a la hora de tomar decisiones: estos modelos suelen “incrementar” la impresión de aumento de morosidad, especialmente cuando al mismo tiempo se produce una caída en la generación de créditos nuevos.

Partiendo del concepto de “riesgos segmentados”, experiencias recientes han permitido a nuestros clientes identificar rápidamente algunos problemas de morosidad regionales, activando acciones de cobranzas selectivas con excelentes resultados, sin afectar el normal comportamiento respecto del resto de los clientes.

Los procesos de reacomodamiento de la economía suelen venir acompañados con incrementos de los niveles de morosidad, pero sólo se convierten en un incremento de la incobrabilidad ante situaciones de fuerte devaluación que impliquen cambios en las bases de la economía. Este proceso de reacomodamiento traerá aparejado un aumento de morosidad, pero difícilmente tendrá un impacto importante en la incobrabilidad.

Si se ha realizado una correcta evaluación crediticia de los clientes al momento del otorgamiento del préstamo, y el cliente ha demostrado hasta ahora condiciones de “buen pagador”, se atrasará pero nunca dejará de pagar sus obligaciones.

Cuando se producen cambios no deseados en las economías de las familias, tanto por mayores gastos como por menores ingresos, estas tardan entre 3 y 5 meses en reordenar su presupuesto.

Este es, finalmente, el punto más importante: las acciones de gestión de mora deben acompañar el reordenamiento del presupuesto de las familias, manteniendo contacto permanente y ofreciendo alternativas de pago a mayor plazo o beneficios por pronto pago.

Al fin y al cabo, la experiencia demuestra que quienes han pasado situaciones similares en el pasado, suelen valorar nuestra actitud ante situaciones complicadas, y nos beneficia con un nivel de fidelidad mayor al habitual.

 


 

 

                                                                                                          Autor: Lic. Orlando Matti – Febrero 2012