Perspectivas 2013

 
 
 
 
 
 

 

  
 vin  La filosofía griega y los éxitos de la TV

Los griegos solían plantear sus ideas en relatos épicos. Así lo hizo Platón[1] quien en la “Alegoría de la Caverna”, planteaba la diferencia entre el “mundo inteligible” y el “mundo sensible”: el primero, sólo alcanzable por los sabios y por los hombres destinados a gobernar, representa la verdad inmutable de la realidad; el segundo, propio de los hombres comunes, es la opinión deformada que la gente tiene sobre esa misma realidad.

Ese dualismo fue la principal dificultad para sostener la filosofía platónica y la base de fundamentos para el pensamiento aristotélico: la falta de coincidencia entre elrelato de los sabios y los gobernantes respecto de cómo se supone que es la realidad, y de cómo la gente del pueblo vive en esa misma realidad.

La única verdad es la realidad”, sentenció Aristóteles[2] La frase que sintetiza su pensamiento filosófico, y que nuestro ex presidente Juan Domingo Perón hiciera famosa entre nosotros en los tiempos en que, como una paradoja de la historia, le preguntaba a la gente “¿quién ha visto un dólar…? ”, será la clave para entender y enfrentar con éxito el próximo año.

Las elecciones parlamentarias que se realizarán en la última parte del año próximo, posiblemente planteen un dualismo equivalente, y condicionen no sólo el devenir del 2013, sino que probablemente marquen a fuego el futuro y la gestión de los últimos 2 años de este gobierno.

Un triunfo de CFK y el FPV significará, seguramente, la continuidad de las políticas actuales y el mantenimiento del modelo hasta el final del mandato, sin medición de costos; una derrota, podría significar el desmembramiento final del soporte peronista que le da sustento al gobierno, y el inicio de un proceso de reacomodamiento político, con efecto directo en la economía.

Desde el punto de vista económico, a pesar de las expectativas de un repunte para el segundo semestre que finalmente no ocurrió, el 2012 terminará con una economía que casi no crece y con una inflación más alta que el año anterior. Un escenario de estanflación que no es bueno para nadie, pero que sin políticas adecuadas tenderá a agravarse.

Así como están las cosas, el gobierno debería tomar varias medidas económicas, pero la principal sería unificar en una sola persona la responsabilidad de la gestión económica, alguien que actúe con la precisión de un cirujano. Más allá de la oportunidad o validez de las medidas económicas, es imposible generar certeza si no hay coherencia fáctica entre los funcionarios que las toman.

Y casi como un anticipo de lo que vendrá, el mayor éxito de la TV de este año (Graduados-Telefé) nos lleva de regreso a la segunda mitad de la década de los ’80. Intervención en el mercado cambiario con cotizaciones múltiples, control de precios, limitación para acuerdos de salarios, y tarifas congeladas con pequeños ajustes espásticos y en un estado de operación deteriorado.

Por aquellos tiempos, nacían y hacían su paso por la historia el Plan Austral y el Plan Primavera, que finalmente fracasaron por los efectos negativos ante la falta de divisas, la baja de precios de nuestros productos en un mercado globalizado, la imposibilidad de acceder a fondos frescos para inversiones en el mercado financiero internacional, y el déficit cuasi fiscal generado a raíz de la emisión monetaria, necesaria para financiar el elevado y creciente gasto público del gobierno.

En aquellos tiempos, el gobierno contaba con un equipo económico técnicamente muy sólido (Sourrouille–Brodersohn-Machinea), que con políticas heterodoxas lograron un buen nivel de actividad y alto porcentual de empleo, aunque de baja calidad salarial; en estos tiempos, el gobierno cuenta con un contexto internacional favorable a nuestro país, más allá de sus altibajos.

Con matices y diferencias, los tiempos económicos que siguen empezarán a parecerse cada vez más a los años ’80. Más allá de cuál es el valor real de la inflación, más allá de cuál es el valor técnico del dólar, más allá de la cantidad de moneda que se emite, la realidad nos planteará desafíos similares a los vividos en la segunda mitad de los ‘80, y nos obligará a actuar de una manera diferente a lo que hemos hecho en los últimos 10 años.

 

vin   Los ciclos económicos, el consumo y el cumpleaños del cepo cambiario

Aceptar la nueva realidad es la consigna que deberán seguir los hombres de negocios para el año próximo. Un año con más inflación y moderado crecimiento, que se ubicará entre el 2 y el 4 % del PBI. Habrá déficit fiscal y superávit comercial, que será utilizado para compensar el déficit energético. Se mantendrá el cepo cambiario y habrá poca creación o, tal vez, pérdida de empleos.

El balance de los últimos doce meses de “sintonía fina”, marcados por una profundización de los controles sobre la actividad privada y el cepo cambiario, resultó extremadamente negativo, en particular en materia de actividad productiva referida a la construcción y la industria automotriz, redujo el comercio interior y dio como resultado la destrucción de empleos netos en el sector privado, o su reemplazo por empleos informales peor pagos.

¿Asegurará China con más compras de soja la continuidad del viento de cola para la región? Seguramente. Y más allá del retraso en la siembra, se alcanzarán altos volúmenes exportables.

¿Ayudará Brasil a traccionar la economía argentina con su compra de automotores? Puede ser. Es posible que la economía brasileña tenga una recuperación razonable durante el año próximo.

¿Se recuperará la industria de la construcción? Difícil. Más allá de la voluntad puesta por el gobierno en el Plan ProCreAr, con problemas para la financiar obra pública y los efectos que le generó el cepo cambiario, esta industria ya no crecerá al ritmo del 10% anual de los últimos años.

La economía como la vida tiene ciclos. Cuando la economía se retrae, como ha sucedido durante este último año, normalmente el sector privado también retrae primero su producción y luego sus inversiones. Cuando el consumo se retrae y en la industria comienza a haber capacidad ociosa, es razonable que el estado trate de fomentar el consumo.

Pero cuando la capacidad instalada de la industria es cercana al 80 % como en la actualidad, no hay que incentivar el consumo, sino la inversión. Además, un nivel de producción tan alto requiere mucha energía para darle sustento, y si el país no cuenta con todos los recursos energéticos, debe comprarlos en el exterior. Es así como se nos escapan las divisas que genera el campo, que en otro contexto podrían fogonear nuestra economía y hacerla crecer a tasas siderales, pero que si no existieran o fugaran generarían una crisis en todo el modelo. En síntesis: cepo para rato.

Cuando la capacidad instalada de la industria es alta, no falta consumo, falta capacidad productiva, es decir, nos falta inversión para crear más bienes. Si no hay más bienes en el mercado, y el estado emite moneda para compensar el déficit fiscal que genera el aumento permanente del gasto público y, además, con un cepo cambiario que impide importar del exterior los productos faltantes, los precios de los bienes suben y se genera inflación.

La inflación promueve el consumo, porque la gente compra bienes antes que aumenten, generando una espiral inflacionaria, y atenta contra la inversión, porque nadie quiere invertir ante la incertidumbre de no saber cuál será el retorno de su dinero. Así, la inflación, lejos de desacelerarse, se mantendrá a un ritmo de dos dígitos altos y en ascenso.

Sin un plan económico a la vista que tenga como objetivo primordial reducir la inflación, el consumo se mantendrá activo, pero la inflación no decaerá en ningún momento. El consumo estará condicionado únicamente a las expectativas de las personas, aunque de ninguna manera alcanzará los niveles del año 2011, tal como lo muestra una encuesta reciente de Poliarquía, publicada en El Cronista.

Independientemente del organismo originario de la medición de su valor que prefiramos utilizar, el INDEC o el que dan a conocer algunos diputados nacionales, lo cierto es que la inflación genera distorsiones en el mercado, que como empresarios no podemos dejar de tener en cuenta.

En procesos inflacionarios como el que estamos viviendo actualmente, el Estado es uno de los que más se beneficia, porque se hace de mayores fondos al gravar la base imponible con nuevos niveles, y porque paga sueldos y a sus proveedores a un menor precio real. Pero para mantener su nivel de recaudación en IVA y Ganancias, necesita de un alto nivel de consumo, razón por la cual no limitará esfuerzos para conseguirlo.

Sin embargo, el actual modelo de recaudación impositiva está cada vez más orientado a las áreas centrales de gobierno, y cada vez menos a las provincias, que necesitan compensar con impuestos locales el menor giro de fondos nacionales. En lo que va del año, 18 de las 24 provincias aumentaron impuestos. El ajuste llegó al inmobiliario, que es el que está sosteniendo el incremento de la recaudación provincial, pero también a Ingresos Brutos, que es el que más recursos líquidos le acerca a los gobernadores. Así, la presión impositiva ya está cerca del 37%.

Con una inflación que le seguirá “comiendo” sus ingresos reales mes a mes, aumento de impuestos provinciales y más retenciones por ganancias, las personas tendrán menos plata para el consumo y para hacer frente a sus deudas, y reclamarán por mayores salarios que trasladarán a los representantes gremiales. En un año electoral, gran parte de los reclamos serán satisfechos, aunque una incógnita de sus efectos será la división que enfrentan las entidades gremiales.

Sin embargo, con niveles de desocupación que empiezan a crecer, principalmente por efecto de la caída en la industria de la construcción y, en menor medida, la generada por la caída en la industria automotriz, las personas siguen priorizando mantener su empleo a mejorar sus ingresos.

En el mismo sentido, alarma el alza de la economía informal, que aparece como una respuesta natural a la aparición de dificultades financieras en las pyme, derivadas del alza de costos, retracción de ventas y suba de impuestos. Se interrumpió así un largo período virtuoso de blanqueo de empleos y de mejora de la eficiencia de la administración tributaria, pilares del denominado programa de inclusión social.

El resurgimiento del empleo en negro y la destrucción de puestos registrados, reflejado con menos cuentas sueldo en los bancos, comenzarán a debilitar los ingresos mensuales de la Anses, que se ha constituido en uno de los pilares de la recaudación de fondos frescos, del sustento del ahorro global del Estado y de sus planes de inversión.

Asimismo, un año atrás, se observaba una reducida brecha entre las tasas de aumento interanual de la expansión monetaria, la recaudación tributaria total y lo percibido por el impuesto al cheque, que oscilaba entre 35 y 28 por ciento, pero que en los últimos meses, por el contrario, se amplió la distancia entre esos indicadores de la actividad agregada entre 40% y 17%.

Otros aspectos aparecen como señales de alertas para las empresas. Los mayores niveles de morosidad que se registran en los bancos, incluyendo el aumento de la cantidad de cheques rechazados, junto a un aumento significativo de los plazos de pago, empiezan a mostrar las dificultades que tienen las empresas para mantener rentabilidad en un mercado que le exige mayor carga tributaria por aumento de impuestos y por el impacto real del impuesto a las ganancias ante la imposibilidad de ajustar por inflación, menos crédito, y una cada vez mayor exigencia de capital de trabajo.

 

vin   Nuestras recomendaciones

El 2013 no será un año común: la inflación marcará la mayoría de nuestras decisiones.

Con un nivel de costos cada vez más significativo, las empresas deben acomodar sus presupuestos económicos y financieros, considerando cada vez más, el fuerte impacto que la inflación provoca en las cuentas de las empresas. Porque en un marco inflacionario como el actual, el rendimiento de cada peso es clave para obtener resultados satisfactorios.

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta, será su efecto en el capital de trabajo necesario para el giro comercial: en procesos de inflación creciente, las necesidades de capital de trabajo son cada vez mayores, y el acceso al crédito para sostenerlo cada vez menores. Tener información de los plazos de financiación más adecuados será necesario al momento de acordar y negociar compras con los proveedores.

En ese sentido, aquellas empresas comerciales que financian sus ventas con préstamos personales de cartera propia, tendrán ventajas respecto a aquellas que no lo hacen, ya que pueden acceder a fondos líquidos sin necesidad de pasar por el banco, con sólo disminuir sus plazos de financiación o limitar el monto de sus préstamos. Claro que no todas son ventajas: el costo será los menores ingresos por intereses cobrados que se verán en la cuenta de resultados.

Sin embargo, esas empresas tendrán un tema importante que resolver. No sólo deberán competir con el precio de la financiación y con los plazos, sino que deberán tener en cuenta la tasa de interés aplicada en cada operación, para mantener no sólo el nivel de rentabilidad sino también el valor del dinero. Por ello, será necesaria una revisión permanente de las tasas de interés, y de la estrategia de precio y plazo de financiación, segmentando por tipo de cliente en búsqueda del mayor rendimiento posible. 

¿Y cómo serán las ventas el año próximo? Con una inflación que le seguirá “comiendo” sus ingresos reales mes a mes, aumento de impuestos provinciales y, por ahora, más retenciones por ganancias, con alto endeudamiento en tarjetas de crédito y pagos de cuotas mensuales por bienes comprados en los últimos años, la clase media tendrá realmente menos plata, lo que impactará directamente en la tasa real de crecimiento del consumo. Pero es posible que todo dependa más de su humor, que de su bolsillo….

Dos años atrás, planteábamos como un objetivo importante para esos tiempos, la puesta en marcha de proyectos de inversión en tecnología informática, o la finalización de los que estuviesen en curso. Hoy, toda la información estratégica que podamos extraer de las bases de datos, será importante para elaborar el mejor presupuesto económico-financiero posible.

Información segmentada de nuestras ventas, sucursal por sucursal, rubro por rubro, proveedor por proveedor; información de la evolución de nuestro stock de los últimos años, de las condiciones de pago y los plazos de entregas; información de incobrabilidad y detalle las cobranzas diarias de los préstamos que hemos otorgado; y la información de costos fijos y variables, nos permitirá elaborar adecuadas proyecciones de negocio, información precisa de los flujos financieros proyectados para los próximos meses, y obtener la mayor rentabilidad por peso invertido.

En síntesis: necesitaremos cada vez más y mejor información. Porque en el 2013, para ser rentables, tendremos que hacer valer al máximo cada peso, cada día del año.



[1] Platón (427 AC – 347 AC). Filósofo griego. Seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles
[2] Aristóteles (384 AC – 322 AC). Filósofo griego.

 

                                                                                                    Autor:   Lic. Orlando Matti – Diciembre 2012